El estrés y la piel

¿Cuántas veces has sentido tu piel gravemente repercutida por el estrés de una mala semana o una mala época? Inevitablemente, la piel manifiesta cualquier estado interno del organismo, sobretodo lo emocional, y especialmente la piel sensible. El estrés afecta los niveles hormonales y la producción de corticoides se dispara. Ambos alteran el equilibrio de la piel. Hay pieles que responden con una mayor producción de sebo, otras sufren acné, rosácea, descamación, dermatitis...  No siempre podemos evitarlo, pero sí podemos atenuar los efectos mediante la consciente gestión del estrés, de forma que nos afecte lo mínimo, y por consecuencia, también repercuta menos en nuestra piel.  

En este artículo os contamos algunas herramientas útiles para no agravar una situación de estrés interna y minimizar las consecuencias en nuestra piel.

A veces, el hecho de estar estresados nos estresa. Como cuando nos acostamos y no logramos dormir. A medida que pasan los minutos y nos damos cuenta de que no nos hemos dormido todavía, comenzamos a pensar y a preocuparnos por el hecho de no estar durmiendo aún, y así entramos en bucle y se vuelve imposible conseguirlo. Con el estrés en otras situaciones pasa lo mismo. Nos estresa el hecho de estar estresados, y acumulamos más tensión de la que corresponde. Para que esto no pase, debemos identificar que estamos pasando por un momento o una etapa de estrés y aceptarlo, sin intentar luchar contra ello. Sólo el hecho de hacer eso nos libera de una buena carga y lucha que no ayuda de ningún modo a mejorar la situación. 

 

Durante épocas de estrés, también es fácil dejarse llevar por malos hábitos y abandonar los hábitos saludables que podemos haber logrado antes de entrar en tal crisis. Y así es como comenzamos a maltratar a nuestro cuerpo, y a nosotros mismos. Justificamos que no tenemos tiempo de sentarnos a comer un plato saludable, y lo sustituimos por comida rápida o incluso nos saltamos comidas, o dejamos de practicar ejercicio por esa misma falta de tiempo. Comenzamos a fumar o a beber más de lo que lo hacíamos antes. Todos estos malos hábitos perjudican también a nuestra piel. Y son daños colaterales al propio estrés, que podemos evitar si queremos. No hay que perder de vista los cuidados básicos que necesitamos para poder funcionar y seguir adelante con unos mínimos saludables. 

 

Cuando navegamos estos momentos de estrés, también bajo la excusa de la falta de tiempo subestimamos la importancia del tiempo libre, ya sea para estar con nosotros mismos o para compartir con las personas que nos ayudan a superar esos momentos. Es importante frenar, aunque sea por un par de minutos, para pensar y darnos cuenta de qué  o a quién necesitamos en ese momento. Somos seres extremadamente sociales y liberamos muchas tensiones comunicando lo que nos pasa, aunque no cambie la situación. Es importante darse el tiempo y el lugar para vaciar nuestras emociones con alguien que nos escuche, entienda y apoye. 
 

Por último, el recurso más sencillo y con un enorme poder del que no solemos ser conscientes; tomarse entre 30 segundos y 1 minuto para tomar conciencia de nuestro cuerpo en cuanto a la postura en la que estamos, la tensión de nuestros músculos, desde los pies hasta los ojos, pasando por los hombros y la boca, y relajarlos, con dos o tres respiraciones muy profundas. Así como nuestro cerebro influye en el estado de nuestro cuerpo, pasa lo mismo al revés; nuestro cuerpo comunica información e influye en nuestra psique, por lo que tenemos poder sobre nuestro estado mental a través de un control consciente de nuestro cuerpo. Y esto es muy poderoso. 

 

¿Qué rutina de cuidado de mi piel debo realizar en épocas de estrés?

Como muchos de los que leéis este blog ya sabéis, nuestra línea de cuidado facial y corporal sostiene un cuidado muy sencillo y para todos los tipos de piel. Sin embargo, sí debemos tener en cuenta un par de cosas a la hora de tratar nuestra piel cuando se manifiesta de una manera distinta a lo habitual. 

Si nuestra piel tiende a liberar grasa y acné cuando nos exponemos a situaciones de estrés, deberemos concentrar el cuidado en aportar mucha hidratación con Marine DNA para compensar esos niveles disparados de sebo. Ello permitirá que la piel se reequilibre. 

Si de lo contrario, nuestra piel sufre de sequedad y resquebrajamiento cuando sufrimos estrés, será importante que incorporemos el aceite no-graso Dermo Tensor, complementario de Marine DNA, a la rutina diaria. El uso de Total Solution y de Floral Mist será igual de conveniente en ambos casos. 

Si sentimos la piel especialmente sensible, afectada por el estrés, con tendencia a enrojecerse o reaccionar más de lo normal, convendrá reducir la frecuencia de la exfoliación. Activ es un exfoliante extremadamente suave y muy difícilmente causa irritación en ninguna piel, pero eso no quita que haya que ajustarse a las necesidades concretas de la piel en una situación determinada. Seguiremos exfoliándonos, pero con más cuidado y menos frecuencia. 

Con nuestra mascarilla O2 Mask logramos relajar, refrescar y descongestionar la piel, especialmente en casos de cuperosis, los cuales tienden a agravarse con el estrés emocional. 

Si tenemos en cuenta los consejos previos de gestión del estrés y estas últimas indicaciones sencillas sobre la rutina de cuidado de la piel, tanto la experiencia del propio estrés como sus consecuencias en la piel se reducirán muy notablemente. Es importante ser conscientes de que todo pasa; tanto los momentos buenos, alegres y maravillosos como los difíciles, incómodos o que nos hacen sufrir. Recordar esto en todo momento nos permite valorar los momentos que apreciamos y relajarnos ante los que nos causan dificultades, dado que sabemos que todos van a pasar, y vamos a transitar con ellos en el tiempo para encontrarnos en un lugar y situación distinta tarde o temprano.  

Os deseamos una buena práctica cuando el estrés toque la puerta, y siempre estamos aquí para ayudar desde el lado que más conocemos para contribuir a que la piel no sea un motivo más de preocupación, sino todo lo contrario.  

 

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